El poder del silencio

 

“Con poca cosa se puede conseguir mucho” Barry Jenkins

Moonlight deconstruído

Nos hemos acostumbrado a las casillas donde encajan los géneros cinematográficos, que no son otra cosa que los elementos comunes que definen determinadas películas y las diferencian de otras, tales como el ritmo, el tono o el estilo.

Particularmente definiría los géneros por su objetivo final: Qué sentimientos deben surgir en el espectador al ver la producción. Evidentemente esa somera definición no aplica para explicar tan extenso árbol de géneros y subgéneros que se extendió hasta lo que algunos expertos llaman géneros híbridos, que además incluyen la ambientación, películas de época, por ejemplo, el formato, si son animadas, o el público objetivo, bien sea latino, afroamericano, adolescente o gay.

Aún con las definiciones ampliadas, esas casillas etiquetan automáticamente el film y eso definitivamente lo limita a un público específico, a quien supuestamente va dirigido el mensaje, excluyendo de esa forma a un público más amplio, con otros gustos, intereses o preferencias. Afortunadamente hay películas que se arrancan la etiqueta de un jalón y vuelan lejos de las casillas, liberándose de las jaulas que generalmente sirven al mercado.

Moonlight o Luz de Luna es una de esas películas liberadas y liberadoras, lo que genera  muchas preguntas ¿es cine por y para afroamericanos? ¿Es un drama familiar? ¿Es una película sobre adictos y narcotraficantes? ¿Es una película sobre acoso o violencia escolar? ¿es cine gay? Pues, es todo eso y más, Barry Jenkins se arrancó las etiquetas, ninguna de las anteriores le calza porque trascendió las casillas.

¿Entonces a qué género pertenece Moonlight? Drama familiar, personal, social, comunidad afroamericana, adicciones, incluso suspenso porque no hay manera de despegarse de la pantalla hasta saber qué pasó o qué va a pasar con Little, Chiron o Black ¿quién es él? ¿Qué quiere realmente? Y la película sin género ata al espectador a la butaca, sofá o hamaca hasta obtener una respuesta con un poder inasible.

Pero ¿dónde reside ese poder? Principalmente en el silencio que nos invita como espectadores a visitar el barrio de Miami, que nos lleva a sentir la brisita marina, y que nos permite reflexionar acerca de lo que vemos: el manejo magistral que hace Jenkins de las imágenes. Además nos empapa de la arrolladora energía de los actores que transmiten con más fuerza no desde los diálogos, si no desde los silencios. Esos silencios que nos comprometen sin excusas con la historia de un callado niño confundido y atropellado por la violencia que le explota en la cara cada vez que da un paso en falso.

Lo mejor es que Barry Jenkins no desperdicia recursos, y es que hace mucho con muy poco, sólo se dedica a contarnos la transformación de Little en Black, guíado si se quiere respetuosamente por una serie de antihéroes que lo convierten en una persona sorprendida por el hallazgo de su propia humanidad.

Moonlight crew 2

Carelia Rivas Pérez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s