Honrar al Cine Nacional, porque, al fin de cuentas, ¡El Cine eres tú!

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Pareciera resultar cuesta arriba, en un país hecho pedazos, perdido en el limbo, que se debate entre la desidia, indolencia y aniquilación extrema de sus conciudadanos, detenerse hoy día a festejar. Porque no hay lugar a festejo, cuando el hambre ataca. Y mucho menos tras la vorágine de la intolerancia ciudadana al unísono, de gobernantes, ensimismados y envilecidos por el oropel del poder, convencidos que han de disfrutarlo eternamente, mientras aparenta pugnar frente a ellos una oposición complaciente, muchos de sus representantes auto condenados a pactar para sobrevivir a costa, no solo de sí misma, sino de vender y sacrificar la esperanza de quienes albergan una cada vez más remota e improbable posibilidad de cambio y un conglomerado desesperanzado, inerte, vencido la golpiza permanente que afectó sus cimientos morales y sociales para aniquilar su esencia.

Así pues. ¿Cómo agradecer, festejar, honrar y validar una expresión artística cada vez más pequeña?, ¿Cómo dar cabida al esfuerzo, talento, creatividad y valía, cuando las fuerzas desfallecen y el ánimo se corroe ante la intolerante barbarie de la vida cotidiana?

Difícil tarea, en un territorio inhóspito, aún para la fértil imaginación y naturaleza festiva del Caribe. De gente “feliz” que era capaz de sonreír, incluso hasta burlarse de su propio infortunio. Situación que ya hoy día, ni siquiera sucede, la desesperanza es tal, que pareciera que la NADA ya ha arrasado con todo. Así estamos y  ante tal panorama, ¿Qué hacer entonces?, la respuesta, que no es fácil, ni pretende erigirse en panacea del asunto, no creo ha de ser rendirse, paralizarse o correr dando alaridos a diestra y siniestra, recordando progenitoras de otr@s; lo sensato es seguir, continuar, con la vista en el horizonte, mientras el cuerpo aguante y el alma tenga fuerza suficiente para combativamente resistir, cualquier inclemente adversidad.

Luego del inciso sociológico, necesario a mi juicio, e inevitable, por demás, dadas  las actuales circunstancias, por el que no obstante me disculpo, ante los lectores de este post, procedo, con el debido respeto, a entrar en materia. Escribo sobre Cine, por pasión y compromiso de vida: no por  vanidad, ni capricho; lo hago porque va ligado a mi vida y como tal, forma parte de mi sustento  emocional; porque representa una catarsis a mi diario transitar, por los caminos de la existencia terrenal, para  tomar aliento, colorear mi propia historia, para sentirme vivo. Por ello agradezco la oportunidad de estas líneas, a un equipo del cual me he sentido parte, gracias a su gentileza, y al elemento cohesivo y generador de la sinergia misma que a su vez, emana, en este caso, también del Cine,

Para quien escribe estas líneas, hablar, discutir, compartir y evidenciar el Cine, es sinónimo de vida. Trascendencia vivencial, operativa. Y referirme, desde él, a la cinematografía patria, un auténtico regalo que se interrelaciona con la necesidad de contrastar y evidenciar lo que somos, más allá de un parecer. Porque el cine, a mi entender,  tiene en sí mismo esa capacidad de trascender y establecer un registro histórico espacial, para denotar la esencia de la cultura de un pueblo, en un tiempo y lugar específico; un retrato hablado y actuado de lo que somos, hemos sido y dejado de ser. No voy a referirme, a la data cronológica de nuestro cine desde sus inicios hasta la fecha, en respeto a quienes, mejor que yo ya lo han hecho y constituye la premisa básica estandarizada para todos los 28 de febrero de cada año; prefiero enfocarlo desde mi particular perspectiva. Históricamente, 121 años representan y pueden decir mucho más de nuestra ciudadanía, incluso de lo que pudiéramos llegar a decir sobre nosotros mismos. Nos guste o no ( y a mí me encanta), el cine nacional es nuestro reflejo, por ello atiendo siempre con reproche a quienes argumentan la trillada e inconsistente frase de rechazo a nuestro cine alegando  la falsa premisa de que es repetitivo, sobre prostitutas y malandros; porque eso ,no es verdad, e incluso, creo que nunca lo ha sido, por más que durante los años 70 existiese cierta tendencia en lo social, en la sordidez  de un discurso que se decantaba por una pre descomposición  socio económica que hoy día ha sido suficientemente reflejada en el acontecer nacional y quien esté libre de pecado, que se haga el harakiri . Por ello De la Cerda, Chalbaud y Walerstein como referentes de una falsa viveza, realidad social, carencia y reclamo  que llegó a estereotiparnos para incluso malignizar nuestra expresión artística, que pretendía, más allá de ello, hacernos “reaccionar para cambiar” ante el efecto espejo; habla entonces, la realidad: aparentemente, no nos gusta nuestro cine, ergo, no nos gusta lo que somos; porque el cine es nuestro reflejo; entonces,¿ qué podemos hacer ante ello? esforzarnos por cambiar, como personas para dejar de parecernos a esa imagen que nos duele de tanto ver reflejada y en consecuencia, cambiar. Entenderlo y actuar en función de ello, tal vez nos hubiera permitido vivir, como ciudadanos del mundo, en un país civilizado, moderno, pleno de oportunidades y libertad, una “terra incógnita” donde abunda la belleza y el desarrollo, sin corruptela, intolerancia, falsa VIVEZA, un país para querer. Por eso vale la pena hacer un alto para agradecer, honrar y celebrar, el mérito y sobrevivencia tras 121 años de sangre, sudor y lágrimas, en el que auténticos héroes han transitado un angustioso e incierto camino para hacernos llegar sus propuestas. Retratos de una realidad documental, Acción, Drama, comedia, tragedia, horror, intento de musical y animaciones han desfilado ante nuestros ojos fallida y certeramente, para  hacerse ver, sentir y oír; para reclamar nuestra atención ante la pasmosa indiferencia de quien prefiere divertirse con lo foráneo, con lo que incluso, a veces ni entiende ni los representa, pero que carajo, si está de moda y a fin de cuentas, es lo que todo el mundo ve. La verdad sea escrita, Ni siquiera el estado venezolano, a pesar de sus avances históricos y su actual cacareado efecto mitómano mega propagandístico, ha sido capaz de crear conciencia y proteger el espacio cinemático propio,  pese haberle considerado más de una vez, la gallina de los huevos de oro, ultrajándole en su voraz intento de raptar su magia para hacerla suya como medio ideológico de control  para crear  riqueza, una rentabilidad que no es capaz de generarse per se a la fuerza, menos sin sustancia ni alma, bajo ideas maniqueas de dominación ideológica, controlando lo que se debe financiar /filmar.

Por eso hoy día, ante la exigua valiente representación de pocos proyectos financiados oficialmente, una casi inexistente  iniciativa privada, ante la diáspora de productores, directores y creativos, más que nunca vale la pena honrar, agradecer y festejar, a nuestro vapuleado cine nacional, asistiendo a cualquier presentación de nuestras producciones, decidiendo ver nuestras películas, el día o semana de su estreno, antes de que la inercia, intereses comerciales y desidia de distribuidores y público las arrebaten de las marquesinas y salas, fomentando su existencia/permanencia y compartiendo la historia de esta forma de expresión propia, valedera y creativa que ha logrado posicionarse, más de una vez (Papita, Maní, Tostón, Homicidio Culposo,  Macu la mujer del policía) muy por encima de  estandarizados blockbusters presuntamente imbatibles, para superar en boletería su asistencia; haciendo cine foros con y sobre nuestras películas, Hablando y contando a las nuevas generaciones de nuestros creadores, Margot Benacerraf, Román Chalbaud, Alfredo Anzola, Alfredo Lugo, Diego Rísquez, Eduardo Barberena, Clemente de la cerda, Mauricio Walerstein, Franco Rubartelli, Diego Velasco, Jonathan Jakubowick, Miguel Ferrari, Haydee Ascanio, Carmen La roche, Luis Armando Roche, Iván Feo, Antonio Llerandi, Athaualpa Lichi, Phillipe Toledano, Leonardo Henríquez, Carlos Azpúrua, Jacobo Penzo, Mariana Rondón, Elia Schneider, Fina Torres, Marilda Vera, Margarita Cadenas, José Ignacio Cabrujas,  Alejandro hidalgo, Claudia Pinto Emperador, Los hermanos Hueck, los hermanos Rodríguez. Miguelangel Landa, César Bolívar, Carlos Caridad Montero, Hernán Jabes, John Petrizzelli, Alejandro Bellame Palacios, Alberto Arvelo; preservando el reconocimiento y legado de  nuestras estrellas de siempre, Amador Bendayan, Arturo Calderón, Amalia Pérez Díaz, María Teresa Acosta, Doris Wells, Alicia Plaza, Pilar Romero, Hilda Vera, Simón Díaz, William moreno, Mayra Alejandra, Edgar Ramírez, Mary Soliani, América Alonso, Daniel Alvarado, Lourdes Valera, Elba Escobar, Haydee Balza, Mimí Lazo, Marcelo Romo, Virginia Urdaneta, Orlando Urdaneta, Orlando Zarramera, Chelo Rodríguez, María Gracia Bianchi, Orangel Delfín, Berta Moncayo, Aura Rivas, Prakriti Maduro, Guillermo García, Ruddy Rodríguez, Carlos Mata, Zapata 666, Marisa Román, Eduardo Serrano, Alberto Alifa, todos ellos y muchos más, demasiados nombres que merecen ser honrados, homenajeados, recordados y agradecidos permanentemente en el país entero y las escuelas de todo país, junto a guionistas, directores de arte, camarógrafos, directores de fotografía, maquilladores, luminitos, vestuaristas, sonidistas,  productores, exhibidores, por ser protagonistas de una auténtica historia patria, de esa que lamentablemente, no se cuenta ni promueve en los libros de historia de Venezuela del nuevo contenido programático del gobierno, ni se mencionan en las peroratas de las cadenas interminables, que nada cuentan, pero subyacen como muestra y valía de un extinto bravo pueblo adormecido, que a lo mejor, algún nuevo día, puede que logre al fin  despertar, para agradecer y disfrutar, de nuestro honroso Cine nacional; por favor, no seamos ingratos con nuestro Cine, que hacerlo, es desconocer nuestro gentilicio y naturaleza, negarnos incluso, la oportunidad de entendernos, reconocer fortalezas y debilidades para auto aceptarnos e incluso, cambiar para bien, aquello que podamos hacer; no vaya a ser cosa, que estemos sufriendo aquello que de acuerdo al adagio popular, aqueja a quienes a su familia le pegan, … Ama el Cine; Vive el Cine; apoya el Cine Nacional, Felicidades!

Freddy Eduardo Vallés Cabrera

FEVC

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