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El hilo invisible. No dejes de ver el hilo Carelia Rivas Pérez

 

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“ No amamos tanto el cine por lo que es si no por lo que llegará a ser”

Marcel Proust

De niña me metía en el escaparate de mi abuela, era una aventura llena de ropa de diferentes colores, aromas y texturas ¿Alguna vez se metieron en el escaparate de sus abuelas? Entonces sabrán cuál es la sensación que tuve viendo la historia de Reynolds Woodcock de la mano de Paul Thomas Anderson, quien con una maestría digna de los grandes genios del cine nos va introduciendo en una historia donde la textura de las telas, el aroma del atelier del modisto y el hilo invisible que sujeta la historia nos va metiendo en un escaparate lleno de maravillas psicológicas y nos cose sólidamente al asiento a la espera de que el desenlace nos saque con bien de allí.

Y es que en El hilo invisible el suspense, subrayado por la extraordinaria banda sonora creada por Johnny Greenwood, te guía por la trama y la urdimbre de las intrigantes relaciones que se tejen entre los tres personajes que tienen la aguja y el hilo en las manos, un trío muy particular del cual no se pueden sacar juicios a priori porque es muy difícil imaginar cómo resultará la confección del traje con tan sólo ver la tela en la tienda. Porque Anderson teje la historia con una tensión sin estridencias, por cierto, no dejen que sus ojos se aparten del hilo porque cada detalle cuenta, cada puntada suma al desenlace.

Claro, si ya han visto algunas de las películas de Anderson, Petróleo Sangriento, Boogie Nights o Magnolia, para mencionar las más significativas, sabrán que es un autor cinematográfico que gusta de tener el control de su obra con una férrea narrativa donde no hay un plano de sobra, cada plano, cada movimiento de cámara de cada secuencia cuenta, todos son importantes, todos tienen significado y aportan a la historia.

En Phantom Thread esta narrativa se hace aún más exhaustiva, más detallista porque Paul Thomas Anderson se regocija en los detalles de una película de amor que no se parece a ninguna otra que haya visto, aunque es una película de época no es para nada anacrónica, más bien parece diacrónica, obligatoriamente hay que ver cómo se desarrolla en el tiempo, ya que no hay referentes cinematográficos válidos, por más que algunos críticos se empeñen en compararla con la Rebeca de Hitchcock, todavía no consigo las semejanzas.

Esta es una película única, que marca la pauta, tal vez haya muchas películas parecidas a El Hilo Invisible a partir de ahora, porque esa interacción de dominio-sumisión-dominio planteada de esa manera y con ese final tan a libre interpretación sólo habrá una, y es ésta, razón por la que verla es aproximarse a lo que llegará a ser el cine.

Les advierto que es una slow-movie, en el más puro sentido estético del cine de autor, que se toma su tiempo para mostrarnos, hilo a hilo, capa a capa, lo que no imaginamos que, al final, resulta una película de alta factura que gracias a su perfección a nivel estético resulta ser, desde mi punto de vista, una obra de arte que resonará por mucho tiempo tanto en mi memoria como en la de todos los que la han visto y los que la verán.

Cuando El hilo invisible finaliza, deja una sensación de haber sido invitada a cohabitar en un escaparate por dos horas, rodeada de hilos, telas y trajes, pero no cualquier traje, unos trajes de alta costura, de esos que muy poca gente tiene la habilidad de confeccionar.

Título original: Phantom Thread

Estados Unidos- Reino Unido 2017

Género: Drama

Dirección: Paul Thomas Anderson

Elenco: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville

Música: John Greenwood

Duración: 130 minutos

Parte de la banda sonora: https://www.youtube.com/watch?v=UiIffs92WMY

 

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Three billboards outside Ebbing Missouri El poder sanador de la ira Carelia Rivas Pérez

“La ira genera más ira”
Tres anuncios en las afueras de Ebbing Missouri, el tercer largometraje del inglés Martin Mc. Donagh, es una película donde el mensaje de amarse los unos a los otros se diluye cuando nos damos cuenta de que la ira tiene un propósito y juega un rol en la conducción de los cambios sociales. Y es que a veces la ira parece ser el único bálsamo sanador de los que ocurre en el mundo.
La ira que produjo la violación y el asesinato de la hija de una mecánico automotriz, algo hosca, es sólo el detonante de las acciones destructivas que se producen en esta cinta que, a pesar del tono hostil, produce risas y sonrisas por las reacciones de los personajes que están moldeados y son empujados a actuar por sus propias historias de sentimientos no resueltos, por recuerdos cargados de dolor y por resentimiento sin redención.
Y es esa redención lo que, como espectadores, esperamos encontrar a los largo de los 115 minutos de proyección y, es que es muy fácil estar furiosos para justificar nuestras acciones, cualesquiera que estas sean. Pero también en el transcurso de la película lo más importante es ver cómo alcanzamos ver a los personajes con compasión y humanidad.
He leído comentarios donde acusan a Martin Mc Donagh de buscar con la película la redención de un policía racista, interpretado magistralmente por Sam Rockwell, pero más que la redención de este policía, Tres Anuncios… pareciera buscar la redención de todo Missouri, el estado más racista de los Estados Unidos, el policía Dixon es sólo la cara visible, así como Ebbing es la representación de uno de los males de la humanidad.
Así como Mildred, la madre la muchacha asesinada es la representación de la ira, la ira que la atrapa, la posee y la obliga a actuar de forma irracional, así mismo como la hace Dixon, y es que estos personajes espejo se encuentran, se atraen y se repelen hasta bailar una especie de danza que marca el ritmo de toda el filme, filme que parece sencillo, pero que resulta fascinante en esa sencillez, y es allí donde está el principal mérito de Mc. Donagh, desde esa sencillez pueblerina hacernos reflexionar sobre este tema tan universal.
Mildred, interpretada inolvidablemente por Frances Mc.Dormand, se hace consciente de que algo la une a Dixon, algo subterráneo e innegable, ambos están internamente rotos. El arco dramático ofrece una salida para ambos, así dejan de esparcir la ira como una manera de reivindicarse, así cesan las acciones de estos personajes y toman conciencia de la inutilidad de aferrarse a su ira y a su deseo de venganza.
Three Billboards Outside … le permite al policía Dixon un elemento de introspección ¿es ésta una salida fácil? No lo creo, hay que poner atención con el panorama completo, los juicios apresurados nos impiden verlo y tal vez no logremos entender del todo como la ira también puede tener un poder sanador.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri
Año 2017
Duración 112 min.
País Reino Unido, Estados Unidos
Dirección Martin McDonagh
Guion Martin McDonagh
Música Carter Burwell
Fotografía Ben Davis
Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, John Hawkes, Peter Dinklage, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, Abbie Cornish, Brendan Sexton III.
Y aquí un pedacito de Tres anuncios en las afueras

Lady Bird ¿Una película bien lograda? Carelia Rivas Pérez

Lady Bird

En 2010, Barbra Streisand, la realizadora siempre ignorada por los miembros de la Academia, señalaba que, por primera vez,  una mujer había sido nominada para ganar el Oscar a Mejor Dirección, como de hecho lo ganó ese año Kathryn Bigelow por The Hurt Locker. Eso marcó un hito, pero lo marcó no porque la Bigelow fuera mujer si no porque su película verdaderamente lo merecía en esa entrega.

Y en ese sentido, para mí es muy importante señalar que los criterios de corrección política no deberían aplicarse a los criterios para apreciar el arte cinematográfico. Es verdad, hay una gran mayoría de hombres en todos los cargos de la industria cinematográfica, eso es innegable, pero no por eso debería guardarse un nicho especial para las mujeres, sólo por ser mujeres, ni tampoco para ninguna minoría racial, política o sexual, sólo por ser minoría.

Una película sólo debe juzgarse desde su propuesta estética, la solidez de su guión, lo acertado de su dirección, sus inolvidables actuaciones, su música resonante, los elementos que la convierten en una película bien lograda. Particularmente, como mujer agradecería ésto, ya que no sería juzgada desde la minusvalía. No importa si la película es dirigida o no por una mujer, y más allá del criterio de lo políticamente correcto ¿es Lady Bird una película bien lograda?

Este es el debut como directora de Greta Gerwig, su película anterior, Nights and Weekends, no contaría porque fue hecha a cuatro manos y ojos con Joe Swanberg. Y este debut se ha convertido verdadero éxito, ya que Lady Bird obtuvo 5 nominaciones a los premios Oscar: Mejor Actriz de Reparto, Mejor Actriz Principal, Mejor Guión, Mejor Dirección y Mejor Película ¿Esto obedecerá a una presión por lo políticamente correcto? Obedeciendo a la señal de que debe haber variedad en los nominados a los Oscar, lo que convertiría a Lady Bird en un panfleto.

El argumento encaja en el subgénero del coming on age, las películas donde se muestra la transición que pasan todos los adolescentes hacia la adultez. Pero en Lady Bird es una transición más bien ligera, un tanto rosa, porque los conflictos más fuertes que pasa esta adolescente, interpretada por Saoire Ronan, son las eternas peleas con su madre. Tal vez esa indulgencia se deba a que Lady Bird, es casi una película autobiográfica donde la Gerwig, plasma a través de unas secuencias de montaje poco significativas, su escuela, sus clases de teatro, su ciudad y, claro, éste es un recurso visual válido para cualquier director, siempre y cuando no se abuse del mismo.

Y gracias a ese tinte autobiográfico hay una conexión autentica y sincera entre la directora y su historia, pero tal vez por eso mismo,le quita peso, sustancia y dimensionalidad a sus conflictos que, en teoría la definieron como persona, pero que no consigue plasmar contundentemente en la trama de la película. Así el personaje de Lady Bird se dibuja como caprichosa e inmadura, porque cuesta comprender cuál es su frustración, ya que la historia carece de un desarrollo dramático maduro. Y lo más importante, esa inmadurez define toda la película, lo que hace que surja el cuestionamiento ¿la directora de esta película maneja todos los elementos cinematográficos con la calidad suficiente para ser nominada a un Oscar como mejor directora? Pues, la cinta habla por sí sola.

Lo que rescataría de la película son las actuaciones tanto de la Ronan, como de su madre, Laurie Mettcalf, así como la de Timothee Chalamet, sencillamente inolvidables. El resto de la historia es contada en murmullos, tal vez porque Greta Gerwig dio sus primeros pasos cinematográficos dentro del mumblecore,  y a veces hace a la película inaudible, por lo tanto fácilmente olvidable. Lo más importante para mí es que una película esté tan bien lograda que resuene por mucho tiempo y Lady Bird le hace falta crecer un poco más para lograrlo.

Título original

Lady Bird

Año 2017

Duración 94 min.

País Estados Unidos

Guion y Dirección Greta Gerwig

Música Jon Brion

Reparto:  Saoirse Ronan,  Laurie Metcalf,  Lucas Hedges,  John Karna,  Beanie Feldstein, Tracy Letts,  Timothée Chalamet,  Danielle Macdonald,  Bayne Gibby,  Victor Wolf, Monique Edwards,  Shaelan O’Connor,  Marielle Scott,  Ithamar Enriquez, Christina Offley,  Odeya Rush,  Kathryn Newton,  Jake McDorman,  Lois Smith, Andy Buckley,  Daniel Zovatto,  Laura Marano,  Kristen Cloke,  Stephen Henderson

Aquí comparto el tráiler, que lo disfruten.

https://www.youtube.com/watch?v=NBarS8525-s

 

 

¡Huye! Nada ha cambiado en 50 años Por Carelia Rivas Pérez

Oscar para huye

Cuando en pantalla aparece una joven pareja interracial enseguida surge el primer referente cinematográfico: el sereno Sidney Poitier emparejado con la angelical Katharine Houghton en Adivina quién vino a cenar. Entonces cuando la pareja conformada por Chris,  Daniel Kaluuya, nominado al Oscar como Mejor Actor, y Rose, Allison Williams, deciden visitar a los padres de la novia, lo primero que uno espera es que los reciban Katharine Hepburn y Spencer Tracy en una hermosa casa de campo.

Pero no, aunque los acomodados padres de Rose, Catherine Keener y Bradley Whitford, son ¡oh sorpresa! Tan progresistas que votaron por Obama, y los reciben con una efusividad excesiva que demuestra aceptación, no representan la apertura de ese matrimonio de avanzada de los años 60 que hacía la Hepburn y Tracy. Ya que, entre otras cosas, el matrimonio de este milenio cuenta con una servidumbre afroamericana que les sirve fielmente con devoto amor y que, además, ve con recelo a Chris, el joven negro que ha osado pretender a la blanca Rose. Y en el momento en que Chris y Rose entran a la “casa perfecta” e irrumpen en la “vida perfecta” del matrimonio Armitage se comienzan a soltar los monstruos que tratamos de mantener quietos y encerrados en una gaveta oculta.

Es cuando la gaveta termina de abrirse que algo oscuro se avecina, algo que gracias a las tonalidades de comedia de la cinta, cala más profundamente en el espectador que no sabe si reír o asustarse de lo que va surgiendo ante él y que, inevitablemente, se va a apoderando entre risitas nerviosas de la pantalla, por supuesto son unos monstruos, monstruos oscuros y horribles: el racismo, el clasismo y la discriminación de siempre que han progresado junto a la indulgente comunidad donde viven los Armitage. Esos monstruos nos obligan a mirarnos y a preguntarnos ¿acaso nosotros también somos así?

Y es que el Chris, paralizado y llorando antes de ser hipnotizado, se convierte en una metáfora perfecta de la sociedad actual, no hay tiempo de reflexionar, sólo puedes llorar ante lo inexorable, los monstruos están allí, no tienes el poder de enfrentarlos, estás a punto de caer hipnotizado, así que sólo puedes llorar. Y lloras entre sonrisas de aceptación ante la maestría que imprime Jordan Peele a su primera película que, no solamente se deshace de su referente obligado: Adivina quién vino a cenar, si no que lo toma, lo desarma y lo reconstruye, haciendo lo que quiere tanto con los personajes como con los espectadores, arrollándonos con la realidad: no hemos avanzado nada.

Mucha gente me ha preguntado cómo si ¡Huye! entra dentro del género del terror fue nominada a mejor película de comedia en los Globos de Oro. Pues, tal vez porque a veces las risas nerviosas producen más miedo que los alaridos de las víctimas. Y ese es el principal mérito de Jordan Peele producir una obra inclasificable, una película aparentemente ligera que, además de que te permite participar en la trama, te invita a reflexionar sin falsas moralejas, con una narrativa visual acertadamente ácida y  la impresionante actuación de Daniel Kaluuya, quien se coló sigilosamente en la lista de los más grandes y estoy segura de que permanecerá allí.

¿Get Out ganará los premios a los que ha sido nominada por la Academia? Probablemente no, pero es necesario tener en cuenta las próximas producciones de Jordan Peele, quien se avizora como un realizador que sabe manejar los diferentes códigos cinematográficos, apropiarse de ellos y convertirlos en sus cómplices para regalarnos una película que nos hace reír de puro susto.

Una de esas películas imperdibles que, desafortunadamente, nos recuerdan que nada ha cambiado en 50 años.

¡HUYE! Get Out!  EUA 2017.

Dirección: Jordan Peele

Duración: 103 minutos.

Guion: Jordan Peele

Fotografía: Toby Oliver

Música: Michael Abels

Reparto: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, Betty Gabriel, Caleb Landry Jones, Lyle Brocato

 

 

Honrar al Cine Nacional, porque, al fin de cuentas, ¡El Cine eres tú!

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Pareciera resultar cuesta arriba, en un país hecho pedazos, perdido en el limbo, que se debate entre la desidia, indolencia y aniquilación extrema de sus conciudadanos, detenerse hoy día a festejar. Porque no hay lugar a festejo, cuando el hambre ataca. Y mucho menos tras la vorágine de la intolerancia ciudadana al unísono, de gobernantes, ensimismados y envilecidos por el oropel del poder, convencidos que han de disfrutarlo eternamente, mientras aparenta pugnar frente a ellos una oposición complaciente, muchos de sus representantes auto condenados a pactar para sobrevivir a costa, no solo de sí misma, sino de vender y sacrificar la esperanza de quienes albergan una cada vez más remota e improbable posibilidad de cambio y un conglomerado desesperanzado, inerte, vencido la golpiza permanente que afectó sus cimientos morales y sociales para aniquilar su esencia.

Así pues. ¿Cómo agradecer, festejar, honrar y validar una expresión artística cada vez más pequeña?, ¿Cómo dar cabida al esfuerzo, talento, creatividad y valía, cuando las fuerzas desfallecen y el ánimo se corroe ante la intolerante barbarie de la vida cotidiana?

Difícil tarea, en un territorio inhóspito, aún para la fértil imaginación y naturaleza festiva del Caribe. De gente “feliz” que era capaz de sonreír, incluso hasta burlarse de su propio infortunio. Situación que ya hoy día, ni siquiera sucede, la desesperanza es tal, que pareciera que la NADA ya ha arrasado con todo. Así estamos y  ante tal panorama, ¿Qué hacer entonces?, la respuesta, que no es fácil, ni pretende erigirse en panacea del asunto, no creo ha de ser rendirse, paralizarse o correr dando alaridos a diestra y siniestra, recordando progenitoras de otr@s; lo sensato es seguir, continuar, con la vista en el horizonte, mientras el cuerpo aguante y el alma tenga fuerza suficiente para combativamente resistir, cualquier inclemente adversidad.

Luego del inciso sociológico, necesario a mi juicio, e inevitable, por demás, dadas  las actuales circunstancias, por el que no obstante me disculpo, ante los lectores de este post, procedo, con el debido respeto, a entrar en materia. Escribo sobre Cine, por pasión y compromiso de vida: no por  vanidad, ni capricho; lo hago porque va ligado a mi vida y como tal, forma parte de mi sustento  emocional; porque representa una catarsis a mi diario transitar, por los caminos de la existencia terrenal, para  tomar aliento, colorear mi propia historia, para sentirme vivo. Por ello agradezco la oportunidad de estas líneas, a un equipo del cual me he sentido parte, gracias a su gentileza, y al elemento cohesivo y generador de la sinergia misma que a su vez, emana, en este caso, también del Cine,

Para quien escribe estas líneas, hablar, discutir, compartir y evidenciar el Cine, es sinónimo de vida. Trascendencia vivencial, operativa. Y referirme, desde él, a la cinematografía patria, un auténtico regalo que se interrelaciona con la necesidad de contrastar y evidenciar lo que somos, más allá de un parecer. Porque el cine, a mi entender,  tiene en sí mismo esa capacidad de trascender y establecer un registro histórico espacial, para denotar la esencia de la cultura de un pueblo, en un tiempo y lugar específico; un retrato hablado y actuado de lo que somos, hemos sido y dejado de ser. No voy a referirme, a la data cronológica de nuestro cine desde sus inicios hasta la fecha, en respeto a quienes, mejor que yo ya lo han hecho y constituye la premisa básica estandarizada para todos los 28 de febrero de cada año; prefiero enfocarlo desde mi particular perspectiva. Históricamente, 121 años representan y pueden decir mucho más de nuestra ciudadanía, incluso de lo que pudiéramos llegar a decir sobre nosotros mismos. Nos guste o no ( y a mí me encanta), el cine nacional es nuestro reflejo, por ello atiendo siempre con reproche a quienes argumentan la trillada e inconsistente frase de rechazo a nuestro cine alegando  la falsa premisa de que es repetitivo, sobre prostitutas y malandros; porque eso ,no es verdad, e incluso, creo que nunca lo ha sido, por más que durante los años 70 existiese cierta tendencia en lo social, en la sordidez  de un discurso que se decantaba por una pre descomposición  socio económica que hoy día ha sido suficientemente reflejada en el acontecer nacional y quien esté libre de pecado, que se haga el harakiri . Por ello De la Cerda, Chalbaud y Walerstein como referentes de una falsa viveza, realidad social, carencia y reclamo  que llegó a estereotiparnos para incluso malignizar nuestra expresión artística, que pretendía, más allá de ello, hacernos “reaccionar para cambiar” ante el efecto espejo; habla entonces, la realidad: aparentemente, no nos gusta nuestro cine, ergo, no nos gusta lo que somos; porque el cine es nuestro reflejo; entonces,¿ qué podemos hacer ante ello? esforzarnos por cambiar, como personas para dejar de parecernos a esa imagen que nos duele de tanto ver reflejada y en consecuencia, cambiar. Entenderlo y actuar en función de ello, tal vez nos hubiera permitido vivir, como ciudadanos del mundo, en un país civilizado, moderno, pleno de oportunidades y libertad, una “terra incógnita” donde abunda la belleza y el desarrollo, sin corruptela, intolerancia, falsa VIVEZA, un país para querer. Por eso vale la pena hacer un alto para agradecer, honrar y celebrar, el mérito y sobrevivencia tras 121 años de sangre, sudor y lágrimas, en el que auténticos héroes han transitado un angustioso e incierto camino para hacernos llegar sus propuestas. Retratos de una realidad documental, Acción, Drama, comedia, tragedia, horror, intento de musical y animaciones han desfilado ante nuestros ojos fallida y certeramente, para  hacerse ver, sentir y oír; para reclamar nuestra atención ante la pasmosa indiferencia de quien prefiere divertirse con lo foráneo, con lo que incluso, a veces ni entiende ni los representa, pero que carajo, si está de moda y a fin de cuentas, es lo que todo el mundo ve. La verdad sea escrita, Ni siquiera el estado venezolano, a pesar de sus avances históricos y su actual cacareado efecto mitómano mega propagandístico, ha sido capaz de crear conciencia y proteger el espacio cinemático propio,  pese haberle considerado más de una vez, la gallina de los huevos de oro, ultrajándole en su voraz intento de raptar su magia para hacerla suya como medio ideológico de control  para crear  riqueza, una rentabilidad que no es capaz de generarse per se a la fuerza, menos sin sustancia ni alma, bajo ideas maniqueas de dominación ideológica, controlando lo que se debe financiar /filmar.

Por eso hoy día, ante la exigua valiente representación de pocos proyectos financiados oficialmente, una casi inexistente  iniciativa privada, ante la diáspora de productores, directores y creativos, más que nunca vale la pena honrar, agradecer y festejar, a nuestro vapuleado cine nacional, asistiendo a cualquier presentación de nuestras producciones, decidiendo ver nuestras películas, el día o semana de su estreno, antes de que la inercia, intereses comerciales y desidia de distribuidores y público las arrebaten de las marquesinas y salas, fomentando su existencia/permanencia y compartiendo la historia de esta forma de expresión propia, valedera y creativa que ha logrado posicionarse, más de una vez (Papita, Maní, Tostón, Homicidio Culposo,  Macu la mujer del policía) muy por encima de  estandarizados blockbusters presuntamente imbatibles, para superar en boletería su asistencia; haciendo cine foros con y sobre nuestras películas, Hablando y contando a las nuevas generaciones de nuestros creadores, Margot Benacerraf, Román Chalbaud, Alfredo Anzola, Alfredo Lugo, Diego Rísquez, Eduardo Barberena, Clemente de la cerda, Mauricio Walerstein, Franco Rubartelli, Diego Velasco, Jonathan Jakubowick, Miguel Ferrari, Haydee Ascanio, Carmen La roche, Luis Armando Roche, Iván Feo, Antonio Llerandi, Athaualpa Lichi, Phillipe Toledano, Leonardo Henríquez, Carlos Azpúrua, Jacobo Penzo, Mariana Rondón, Elia Schneider, Fina Torres, Marilda Vera, Margarita Cadenas, José Ignacio Cabrujas,  Alejandro hidalgo, Claudia Pinto Emperador, Los hermanos Hueck, los hermanos Rodríguez. Miguelangel Landa, César Bolívar, Carlos Caridad Montero, Hernán Jabes, John Petrizzelli, Alejandro Bellame Palacios, Alberto Arvelo; preservando el reconocimiento y legado de  nuestras estrellas de siempre, Amador Bendayan, Arturo Calderón, Amalia Pérez Díaz, María Teresa Acosta, Doris Wells, Alicia Plaza, Pilar Romero, Hilda Vera, Simón Díaz, William moreno, Mayra Alejandra, Edgar Ramírez, Mary Soliani, América Alonso, Daniel Alvarado, Lourdes Valera, Elba Escobar, Haydee Balza, Mimí Lazo, Marcelo Romo, Virginia Urdaneta, Orlando Urdaneta, Orlando Zarramera, Chelo Rodríguez, María Gracia Bianchi, Orangel Delfín, Berta Moncayo, Aura Rivas, Prakriti Maduro, Guillermo García, Ruddy Rodríguez, Carlos Mata, Zapata 666, Marisa Román, Eduardo Serrano, Alberto Alifa, todos ellos y muchos más, demasiados nombres que merecen ser honrados, homenajeados, recordados y agradecidos permanentemente en el país entero y las escuelas de todo país, junto a guionistas, directores de arte, camarógrafos, directores de fotografía, maquilladores, luminitos, vestuaristas, sonidistas,  productores, exhibidores, por ser protagonistas de una auténtica historia patria, de esa que lamentablemente, no se cuenta ni promueve en los libros de historia de Venezuela del nuevo contenido programático del gobierno, ni se mencionan en las peroratas de las cadenas interminables, que nada cuentan, pero subyacen como muestra y valía de un extinto bravo pueblo adormecido, que a lo mejor, algún nuevo día, puede que logre al fin  despertar, para agradecer y disfrutar, de nuestro honroso Cine nacional; por favor, no seamos ingratos con nuestro Cine, que hacerlo, es desconocer nuestro gentilicio y naturaleza, negarnos incluso, la oportunidad de entendernos, reconocer fortalezas y debilidades para auto aceptarnos e incluso, cambiar para bien, aquello que podamos hacer; no vaya a ser cosa, que estemos sufriendo aquello que de acuerdo al adagio popular, aqueja a quienes a su familia le pegan, … Ama el Cine; Vive el Cine; apoya el Cine Nacional, Felicidades!

Freddy Eduardo Vallés Cabrera

FEVC

La importancia de un Cine Club El amor por el cine es un hábito que tiene culpables.

El amor por el cine no es congénito, pero puede ser hereditario debido a lo que Lamarck, en su teoría evolutiva, llamó transformismo. o la creación de caracteres  secundarios adquiridos individualmente que se desarrollan por la utilización repetitiva de un hábito definido, tanto que se hace hereditario. Exactamente eso fue lo que me pasó con el cine, y estoy segura de que a muchos de ustedes también.

Mi abuela materna junto a mis tías,  y mi abuelo paterno por su lado, asistían muchísimo al cine, mis padres se cortejaban viendo películas en el cine Candelaria de Valencia, iban dos o tres veces a la semana a los distintos cines de la ciudad y, continuaron con ese hábito después de tener hijos, prácticamente crecí en la sala en claroscuro y los autocines, que en los 70, eran un punto de encuentro familiar. Crecí con ese hábito instaurado, pero mis padres a pesar de ser cinéfilos, no se habían adentrado en los vericuetos del lenguaje cinematográfico, los culpables de ese otro hábito son otros personajes, a quienes les  agradezco profundamente.

Uno de esos culpables es Rodolfo Izaguirre, hablar con Rodolfo Izaguirre, cinefilo, crítico de cine, articulista, presidente de la Cinemateca Nacional durante casi 20 años y conductor de un programa de televisión llamado Cinemateca del Aire por la Televisora Nacional ¿Lo recuerdan?  Es toda una aventura, placentera por demás, ya que me conectó no solamente con el cine que me gusta, también me enseñó a valorar el el cine nacional en su justa dimensión, si no con los basamentos del cine, sus precursores, su lenguaje, sus movimientos, los principales directores. En fin, con todo lo que conlleva el arte cinematográfico.

Tuve la dicha de coincidir con Don Rodolfo, en un eeminario sobre el arte que organizaron en Valencia, y pudimos conversar largamente sobre el cine, con una vertiente diferente, qué significa el cine para un exhibidor de películas poco comerciales, que bien puede ser el presidente de una Cinemateca, un presentador de un programa televisivo o una cineclubista cualquiera como yo.  Pero si no hubiera existido un programa como Cinemateca del Aire, tal vez yo nunca hubiera llegado a cineclubista, así como tal vez algún crítico o cineasta no hubiera llegado a conocer ese otro tipo de cine.

Y esa fue una de las inquietudes que planteamos en la conversación ¿Qué importancia tiene una Cinemateca o cualquier otro centro de cultura cinematográfica?  Y es que según Don Rodolfo, es muy difícil medir una actividad como esa, ya que se puede cuantificar la actividad ¿Cuántos espectadores asistieron a una función cualquier? Lo difícil es medir qué significó esa película para un espectador determinado. ¡Uy! imagínense ¿cómo explicar lo que sentí viendo la secuencia en la que Fitzcarraldo hace “navegar” un barco de vapor por el medio de la selva? O mejor aun, el momento en el que vi la reacción de unos niños al ver por primera vez una película de  alguna escena de El chico de Chaplin, allí siempre  pasa algo importante entre los exhibidores de películas no comerciales y su público.

Gracias a  la conversación, Rodolfo Izaguirre y yo pudimos  darnos cuenta de que esa conexión que se establece entre el exhibidor y los espectadores, esa chispa que se produce en cualquier ser humano sensible  que ve la secuencia final de Cinema Paradiso en la sala a oscuras de la Cinemateca o de cualquier Cine Club,  sencillamente es poesía, una especie de poesía muy particular, y es que nuestro trabajo produce un algo internamente poético y por eso nos podemos sentir orgullosos, esa es parte de la importancia de cualquier centro de cultura cinematográfica, inclusive de un Cine Club Universitario.

Esa posibilidad de brindarle al espectador la alternativa de acceder al arte, esa posibilidad de torcer el rumbo de una vida, cuántos posibles ingenieros o abogados decidieron otro destino gracias o por culpa de una película determinada, o por la asistencia continuada a las funciones de la Cinemateca Francesa. Como le ocurrió al querido Rodolfo, que se fue a París a estudiar derecho en La Sorbona y terminó embrujado por las sombras mágicas del cine y a él dedicó su vida. Porque, como bien saben, las película son un trabajo en equipo, y no sólo hacen cine los guionistas, productores, directores y actores, dentro de esa cadena también forman parte los exhibidores.

Y a partir de esa premisa, valdría la pena preguntarse ¿Sería el cine venezolano lo mismo si no hubiera tenido el apoyo, casi irrestricto de los centros de cultura cinematográfica? Porque si bien es cierto que aun no se ha producido en el espectador venezolano el “transformismo” de la teoría de Lamarck en sus gustos cinematográfico para que así puedan sentirse más inclinados hacía las producciones nacionales, no es menos cierto que sin las salas de arte y ensayo, las cinematecas y los cine clubes, sencillamente sus preferencias cinematográficas seguirían netamente orientadas hacia el cine hollywoodense que sigue detentando casi con descaro una hegemonía devastadora.

Evidentemente, esto se debe, según Rodolfo Izaguirre,  en gran parte a que a más de ciento veinte años de su creación, el cine venezolano todavía no se ha consolidado, aunque hay películas que dejan huellas perennes en el espectador, no son la mayoría, e incluso muchas de las mejores no son del gusto del gran público que asiste a las salas comerciales de cine. Es por eso que los circuitos alternativos de cine conectan a los autores cinematográficos, sobre todo venezolanos y latinoamericanos, con el público.

Hasta ahora, el cine nacional ha tratado de mantenerse a flote, a pesar de la grave crisis socio económica, de los últimos cinco años, y a las crisis políticas de los últimos dos. Ya que no se podrán estrenar entre veinte y treinta títulos nacionales como en el año 2015, un año excepcional, en relación con los siguientes. Y al estrenar tan pocas películas venezolanas, en comparación con las cinematografías mexicana o argentina, no podemos hablar de un verdadero cine venezolano. Entonces, seguirán tratando  las salas alternativas de crear el hábito y de ser las culpables de que los espectadores sigan creyendo en la magia que produce la imagen en movimiento. Y es así como el Cine Club Ingeniería UC, al arribar a sus 40 años, seguirá proyectando arte, conocimiento y entretenimiento.

 

 

 

 

 

Wonder Woman o la subversión del amor

En mi niñez crecí viendo diferentes series de televisión, por supuesto tenía mis preferidas, Viaje a las Estrellas, Espacio 1999, Tarzán, Starski y Hucht  y, una muy particular, la Mujer Maravilla, una serie de acción, donde se le daba vida al único personaje femenino de la Liga de la Justicia, serie de comics creados por los creativos de DC Comics.

En un principio la Mujer Maravilla fue creada para, de cierta forma, salvar a DC de una posible debacle, ya que un poco antes de iniciarse formalmente la 2° Guerra Mundial, algunos críticos comparaban a Superman con el Superhombre o Uberman, una especie de superhéroe basado en un personaje de Nietzche y tomado por los nazis para ilustrar el concepto de la supremacía aria.

William Moulton Marston,  psicólogo,  escritor y creador del polígrafo, creo el personaje de Diana Prince inspirado en los movimientos de mujeres sufragistas de principios del siglo pasado, quiso rendir homenaje a las mujeres que exigían justicia y respeto y basó su historia en una mujer real, Margaret Sanger, una enfermera pionera en el control de natalidad. Moulton fue defensor de la igualda de derechos para las mujeres.

La Mujer Maravilla revolucionó a los superhéroes de los años 40 de muchas formas, una de ellas fue el traje, para el gusto de muchos padres de la época, la amazona mostraba mucha carne, o más específicamente, mucha espalda, lo que generó algunos roces con los moralistas de esa década y levantó algunas polémicas.

La primera aparición de la Mujer Maravilla en la televisión fue, al igual que en el cine, al lado de Bruce Wayne, en un capítulo de la serie televisiva de Batman que se llamó ¿Quién le teme a la Mujer Maravilla? Desafortunadamente la idea no caló en los productores, quienes engavetaron la propuesta hasta los años 70.

La primera candidata para encarnar a la mujer maravilla fue Cathy Lee Crosby, pero no tenía el físico adecuado, ni le quedaba muy bien el traje. Razón por la cual Linda Carter pasó a protagonizar la famosa serie. Sólo tres temporadas bastaron para relacionar la cara  de la heroína de DC comics con Linda Carter. Y con esa cara en mente fui a la sala de cine a ver esta representación de la superheroina de los comics y la televisión.

La primera observación es: Gal Gadot no es Linda Carter, es más atlética, más ágil y mucho más amazona, lo que le presta muchísima credibilidad a la historia.

Segunda observación: La adaptación de este superpersonaje resultó muchísimo mejor y ha tenido mayor aceptación de crítica y de taquilla que los personajes masculinos de la Liga de la Justicia. Tal vez porque el personaje represente valores tan importantes como la justicia, la valentía y la igualdad. Muy bien ilustrados tanto en el guion, sólido y consistente.

Tercera observación: La diferencia primordial de este personaje con el resto de los integrantes del salón de la Liga de la Justicia es que no basa sus poderes en la fuerza, en la inteligencia, o en los artilugios tecnológicos, si no en el poder más olvidado por los supehéroes, el amor. Y no podía ser de otra forma siendo Wonder Woman una superheroina creada para romper los paradigmas masculinos.

En resumen, salí de la sala con una grata sensación de que Wonder Woman vino nuevamente a rescatar a Superman y, no sólo a él, si no al resto de sus colegas. En la primera parte la película muestra un excelente manejo de los espacios, presenta a los personajes de la película y su filosofía humanista.

Sorprenden los diálogos inteligentes, la representación de los elementos mitológicos y la agilidad guerrera de las amazonas lo que no agrede al espectador. El pase de Wonder Woman al mundo humano se hace de una forma fluida, sin interrupciones, ni saltos drásticos, lo que contribuye a la verosimilitud de la historia y la hace más interesante a cada minuto que pasa.

La propuesta visual de la cinta es fascinante y atrapa a cualquier espectador y, por lo que vi en la sala de cine, sin importar la edad. Lo que es un gran logro para la primera directora de filmes de superhéroes Patty Jenkins. Ciertamente Wonder Woman es una película congruente, entretenida y altamente recomendable para todos aquellos que gusten de las historias de superhéroes y de los que no, también.

Carelia Rivas Pérez- 2017

Título original: Wonder Woman

País: Estados Unidos, 2017

Género: Aventuras

Dirección: Patty Jenkins

Guión: Geoff Johns, Allan Heinberg

Elenco: Gal Gadot, Chris Pine

Duración: 141 minutos

Tú lo que quieres es que te coma el Tigre

Tu lo que quieres es que me coma el tigre Que me coma el tigre, que me coma el tigre Mi carne morena,…Entonces, me subo en el árbol, me subo en la loma, me tiro en el río; El tigre, se sube en el árbol, se sube a la loma y se mete en el río,…Entonces me salgo del río, Me meto a tu casa , donde no me vea; El tigre, se sale del río se mete en tu casa y la cosa está fea….

Parafraseando la popular y contagiosa letra de la  ancestral homónima  canción popular que anteceden estas líneas, podríamos a bien referirnos, para expresar  la,-con el mayor de los respetos y admiración por este gran realizador,- contumacia de nuestro  prolífico y célebre cineasta merideño, ROMAN CHALBAUD,  con ocasión a la polémica recientemente suscitada, dentro del marco del merecido homenaje de que resulto sujeto en el recién finalizado Festival de Cine Venezolano Mérida 2017.

Ahora bien, aquí, conviene indicar, que el punto en referencia, no es cuestionar la validez o pertinencia de reconocer o no los sobrados méritos de quien tiene a su haber una importante filmografía, por demás de icónica y referencial para todo aquel que se precie de estudiar, validar y reconoce a nuestro cine, altamente representativa de la venezolanidad, sino la actitud contumaz e impertinente del homenajeado  ante las disonantes  e inexplicables  críticas  hacia la “Venezuela pasada”, de la que se expresa con ferocidad e ingratitud en una suerte de reacción amnésica ,para justificar su actual rendición e incondicional apoyo al régimen politiquero imperante en el país; toda vez que resulta y constituye, jurídica, histórica  y socialmente hablando un hecho público y notorio, la supremacía que Román detentó precisamente, durante toda la IV República en la que se erigió en el mas prolífico, respetado, admirado y poderoso de los cineastas patrios, al punto de que, no solo todo el gremio artístico se  esforzaba por tener cualquier tipo de participación en sus filmes, sino que además, Gente de Cine C.A., su empresa productora cinematográfica pudo llegar a constituirse en realidad y los canales de televisión se peleaban la posibilidad de comprar los derechos para la transmisión de sus películas, llegando a inaugurar, con record de audiencia, el espacio Cine Venezolano, todos los lunes de 7 a 9 pm por la pequeña pantalla de Venevisión; su criterio era considerado  y valorado como uno de los mayores talentos, aprovechando su merito directorial, también dentro de la pequeña pantalla, para formar parte, del inicio de la telenovela cultural, inicialmente con títulos emblemáticos como  Crimen y Castigo (1956) Niebla, Marianela y Bodas de Sangre (1957) ; luego con éxitos de mayor alcance como La Hija de Juana Crespo, escrita por Salvador Garmendia; La Trepadora (1973); Boves el Urugallo (1974) La Piel de Zapa; La Comadre (1979); Tormento (1988); Gómez I y II, todas ellas en la célebre e histórica pantalla de RCTV, la mas longeva e histórica de las empresas televisoras de señal abierta del país, cuya señal fue eliminada de la pequeña pantalla, por parte del régimen político imperante; y luego, en Venevisión, a través de producciones tan exitosas e importantes  como El perdón de los Pecados(1996);Guerra de Mujeres de Cesar Miguel Rondón y Mónica Montañés y Las González de Cesar Miguel Rondón; de tal manera, que, así como a todas luces, el espectacular y talentoso trabajo de tan importante realizador resulta imposible de desmerecer (insisto, su obra, no solo nos honra como acervo histórico sino que  representa un legado importante de talento y referencia obligatoria para historiadores, educadores y estudiantes de cine y televisión, también resulta ilógico, absurdo, chocante e incomprensible que tamaña trayectoria pueda soslayarse despotricando del  momento histórico y los espacios que le sirvieron de ejecución y apoyo, las plataformas de difusión que se orquestaron para concienzuda y eficazmente promover su valor, la oportunidad de hacerlo, lo cual no pretende  evidenciar que haya sido perfecto, porque, obviamente han debido existir, en la normalidad de las cosas, diferencias, percances y prejuicios con los cuales lidiar; pero;…hacer ver, a estas alturas,  que  como realizador fue víctima de abusos, discriminaciones, maltratos y zancadillas que entorpecieran, vejaran y obstaculizaran su labor, cuando hasta reconocimientos  institucionales y presidenciales tuvo para con su obra?,…por favor!; es aquí donde lo paradójico e inexplicable hace mella en la meritoria trayectoria  para crear nubarrones ante la innegable capacidad artística y por demás reconocible, aplaudible y digna de homenajear trayectoria de uno de los señores de nuestro cine; cuyos mayores logros artísticos, le guste o no reconocer, se encuentran, precisamente, dentro del periodo de la historia de la que él tanto denigra y no a través de sus más recientes producciones que, lamentablemente, no las han tenido todas consigo, ni para el público como importante destinatario del patrimonio artístico de un realizador, ni para la critica que  la mayoría de las veces ha acostumbrado  reconocer su valía como cineasta . Homenajes, te mereces, sobradamente, maestro Román, por tu esfuerzo y talento, haciendo parte importante de nuestro cine, con la posibilidad de reflejarnos y reconocernos, tantas veces, en el pasado; gracias por tu buen cine, claro, el de la IV, porque, a decir verdad, esta visión sesgada, parcializada de tu obra, en el siglo XXI,  que pretende unificar razones y matar criterios distintos de una realidad compleja, pareciera que, ni nos refleja, retrata ni representa a todos; erga, no nos gusta,…¡triste!

Freddy E Vallès C FEVC

Pedro Aguilera, del storyboard al cine de autor — Encuentros con el cine

Hoy es uno de los nombres respetados -al menos internacionalmente- del cine de autor en España, pero sus comienzos no fueron nada típicos. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, este donostiarra comenzó en el audiovisual como dibujante de storyboards para diversas agencias de publicidad y en algunos proyectos de cine […]

a través de Pedro Aguilera, del storyboard al cine de autor — Encuentros con el cine

Román Chalbaud Ser o no ser homenajeado

“La oposición repite una mentira mil veces, lo que están haciendo en Venezuela es atroz, quieren destruir e invadir y están dispuestos a todo y nosotros tenemos que defendernos. La cultura juega un papel muy importante, tenemos que hacer una campaña contra esas mentiras. Aquí no existe ninguna dictadura, Maduro es un hombre democrático que ganó las elecciones y hay que esperar la fecha para volver a votar, eso nadie lo está negando”

Román Chalbaud

He allí la cuestión, la polémica acerca del reconocimiento concedido a Román Chalbaud ha levantado vuelo a través de las redes sociales, donde se cuestiona si el cineasta se merece un reconocimiento o siquiera merece el respeto por su dilatada trayectoria como uno de los realizadores más relevantes del cine nacional,  y todo debido a unas declaraciones emitidas por el director merideño el 21 de mayo en un programa de la televisión venezolana.

            En el mismo, Chalbaud expresó su apoyo irrestricto a la Asamblea Nacional Constituyente y afirmó, además, que la misma “ayudaría a crear un clima de paz e igualdad en el país” (sic). En un momento en que millones de venezolanos expresan de diferentes maneras su rechazo a la mencionada constituyente, mostrarse abiertamente favorable a la misma es poco más que desafortunado, ya que genera el rechazo inmediato de esos millones de connacionales que le adversan.

            El peor momento de la entrevista dominical fue cuando el director afirmó sin ningún tipo de pudor, que su obra había sido defenestrada en la IV República y que él mismo había sido perseguido y, en cierta forma, expulsado de la vida cultural del país. Cuando la realidad prueba, a través de su prolífica carrera, que no sólo fue el director cinematográfico venezolano más beneficiado por los financiamientos de FONCINE, desde el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, si no que le otorgaron múltiples reconocimientos y premios.

            Por eso el más reciente reconocimiento otorgado a su trayectoria como realizador, en el Festival de Cine más importante del país, es poco más que un detonante para hacer estallar la polémica. Y es que, desde mi punto de vista, lo que está en duda no es si él es merecedor o no de premios o reconocimientos, la cuestión es ¿este es el mejor momento para otorgarle el reconocimiento? Evidentemente, cualquier premio viene cargado de un costoso juicio político y arropa a los especialistas en el área cinematográfica, porque, gracias a sus declaraciones, Chalbaud trasciende las fronteras del arte y queda atrapado en la telaraña política.

            Pero ¿es realmente relevante la producción cinematográfica de Román Chalbaud? Sí, después de casi veinticinco producciones cinematográficas no hay lugar a dudas, el hecho de que el cineasta haya producido material fílmico durante más de siete décadas, retratando con su peculiar estilo la realidad de la sociedad urbana venezolana, ya es razón suficiente para tomarlo en cuenta cuando se estudia el devenir del cine nacional.

            Chalbaud tiene una manera muy particular de exponer a Venezuela en la gran pantalla, convirtiéndose en el mayor representante del cine de autor en el país, como se puede observar en un conjunto de filmes con una estructura muy propia, con un discurso interpretativo y representativo muy personal, pero a su vez completamente universal, como se transluce en la fauna divina que adorna sus filmes más representativos.

La Garza en El pez que fuma, la Danta en Sagrado y Obsceno y la Nigua en La Oveja Negra, un trío que sin maniqueísmo deconstruye el matriarcado en la sociedad venezolana, que en vez de acunar y arrullar la convivencia y la paz en su seno, aúpa la intimidación y amamanta el lado de la sociedad que anida la violencia y el malandraje, lo que las convierte en unas matriarcas desesperanzadas, desordenadas y corruptas, sin juicios de valor ni falsas moralejas ¿un retrato de la Venezuela pre-Chávez?

Esta visión subsiste en el cine de Chalbaud hasta El Caracazo, a partir de allí el realizador deja a un lado la independencia que rallaba en la irreverencia de sus anteriores producciones, donde mostraba de una manera propia e independiente su visión de una Venezuela underground y marginal, para convertirse en una especie de cineasta de la nueva realidad social.

Un cineasta de encargo que retrata la gesta heroica dictada por el gobierno de turno y que ensalza sin el más mínimo pudor el imaginario de una revolución fallida que se ahoga en una corrupción de estado. Lo que hace que este reconocimiento otorgado en la XIII Edición del Festival de Cine Venezolano de Mérida, lejos de ser celebrado, sea condenado por la mayoría de sus seguidores y colegas, quienes ya lo han colocado en el lado más oscuro de la historia de la cinematografía nacional.

Entonces cabe la pregunta ¿debe ser homenajeado Román Chalbaud?

 Carelia Rivas Pérez. Junio  2017

Filmografía de Román Chalbaud

Chávez: El comandante arañero y su secuela (sin estreno fijo)

La planta insolente (2016)

Días de poder (2011)

Zamora, tierra y hombres libres (2009)

El Caracazo (2005)

Pandemónium, la capital del infierno (1997)

El corazón de las tinieblas (1990)

Cuchillos de fuego (1990)

La oveja negra (1987)

Manon (1986)

Ratón de ferretería (1985)

Cangrejo II (1984)

La gata borracha (1983)

Cangrejo (1982)

Bodas de papel (1979)

El rebaño de los ángeles (1979)

Carmen, la que contaba 16 años (1978)

El pez que fuma (1977)

Sagrado y obsceno (1976)

La quema de Judas (1974)

Chévere o La victoria de Wellington (1971)

Cuentos para mayores (1963)

Caín adolescente (1959)